domingo, 15 de septiembre de 2019

Esto sí es populismo

15/09/19.

Por: Mariano Yakimavicius.

¿Por qué en la actualidad las opiniones, tendencias, partidos, gobiernos o políticas públicas que resultan reñidas con el gusto propio son calificadas como populistas?



El concepto se ha puesto de moda desde hace un tiempo a esta parte en todo el mundo y el único denominador común que parece tener es que se trata de algo negativo que representa todo aquello que no es del agrado de quien lo utiliza. Una medida adoptada por un gobierno liberal, conservador o antisistema puede ser populista. Parece haber también un cierto acuerdo implícito en que ese concepto amorfo y viscoso sólo atañe a gobiernos o partidos políticos que sostienen ideas distintas a lo que supuestamente sería una democracia liberal tradicional, como si ese sistema fuera la panacea o el punto culminante de la organización política humana. Las sucesivas crisis de la democracia en todas sus formas parecen demostrar que, en materia de organización política, la humanidad dista de tener todo resuelto.

El concepto de populismo no es demasiado antiguo, data de mediados del siglo XX, pero fue retomado y resignificado hace poco tiempo. Aunque más que resignificado, podría decirse que fue vaciado de contenido y presentado como una cáscara vacía y transparente, adaptable al gusto del consumidor. Es decir, la nada misma. En la era de la posverdad, un instrumento semejante cae como anillo al dedo, porque permite evitar el rigor de pensar, habilita la vaguedad para calificar cualquier cosa de cualquier manera, pero especialmente apela a emociones desconectadas de la política real. En suma, si a usted algo no le gusta por el motivo que fuera y no tiene ganas de pensar, califíquelo como populista.

Es demagogia no populismo

Una primera confusión consiste en que lo que en la actualidad es generalmente caracterizado como populista, es aquello que ya se conocía como demagogia. Este concepto está asociado con el favorecimiento y la estimulación de las ambiciones y sentimientos de sectores de la población tal como se presentan espontáneamente. Las promesas que suelen realizar los políticos durante las campañas electorales son habitualmente criticadas como demagógicas cuando aparecen como irrealizables. Las repúblicas liberales modernas han sido reiteradamente cuestionadas atribuyéndoles la condición de sistemas demagógicos debido a la utilización intensiva de técnicas publicitarias características del marketing, a la personalización de las candidaturas, la manipulación de los medios masivos de comunicación en detrimento del análisis político, y el recurso sistemático a polarizaciones absolutas tales como bien-mal, desarrollo-atraso, civilización-barbarie, honestidad-corrupción, ellos-nosotros, o conceptos imprecisos como la alegría, la seguridad, la justicia, o la paz.

Ha sido habitual en las dictaduras recurrir a la consideración de las repúblicas derrocadas como gobiernos demagógicos para justificar los golpes de Estado y la imposición de sistemas autoritarios. La demagogia es claramente un desvío de un camino virtuoso, pero un desvío en el cual de hecho incurren todos los sistemas políticos y los sistemas ideológicos. Un gobierno populista puede ser demagógico o no, al igual que uno liberal, o uno socialdemócrata. Pero utilizar el argumento de la demagogia para derrocar a un gobierno, no es ya un desvío, sino un reemplazo de un sistema político democrático por otro que no le es. Es algo notoriamente más grave. Y esto lleva a poner en evidencia una característica del populismo: puede caer o no en desvíos demagógicos, pero todo populismo existe dentro de un marco democrático. Por supuesto, el desvío demagógico puede llevar a un populismo a dejar de serlo para convertirse en otra cosa, por ejemplo, una dictadura de la mayoría. Pero eso ya no sería populismo. Entonces ¿qué es el populismo?

Un aporte latinoamericano a la ciencia política

Un notable docente universitario que dictaba la materia Historia Argentina y un seminario sobre Historia Latinoamericana -Osvaldo Furman- me enseñó que el populismo es el mayor aporte latinoamericano a la ciencia política. Es un fenómeno nacido claramente en Latinoamérica y que no tiene un paralelo igual en otras partes del mundo. El Cardenismo en México, el Varguismo en Brasil, el Arbenzismo en Guatemala, el Aprismo en Perú, el Gaitanismo en Colombia y el Peronismo en Argentina, son sus más fieles exponentes.

¿Qué es entonces el populismo? Ni más ni menos que la activación política de las masas populares. Eso quiere decir varias cosas. En principio, que las masas populares se encontraban políticamente inactivas hasta que el populismo las activó. ¿Qué quiere decir que estaban políticamente inactivas? Que no tenían la más mínima participación en el proceso de toma de decisiones. Ese ámbito estaba reservado a un sector pequeño, poseedor del poder económico y también político. Es decir que, en su génesis, el populismo aparece como una molestia para las élites acostumbradas a dominar todo el proceso de decisiones. El populismo propone ampliar la base decisional de una sociedad y eso supuso para quienes ostentaban el poder político, tener que compartirlo. Al ampliar la base de decisión política, no tardan en verse afectados los intereses económicos. El populismo supone así -por lo menos- una tendencia hacia la equidad social.

La reacción general de los sectores privilegiados en los distintos sitios donde floreció el populismo fue idéntica: tensar la cuerda y apelar a la dialéctica amigo-enemigo en el afán de recuperar el poder que esas masas activadas políticamente les habían quitado. Es por eso que los gobiernos populistas han buscado invariablemente un protagonismo significativo del Estado como aquella entidad eminentemente política capaz de afianzar los procesos de búsqueda e implementación de la equidad política y social.

La cuestión ideológica no debe pasarse por alto. En términos generales, los populismos disociaron la política de las ideologías tradicionales. Es por ese motivo que puede haber populismos más conservadores y otros más progresistas. En ningún caso el populismo es copado por ideologías extremistas o fanáticas como el comunismo o el fascismo. Por supuesto que los gobiernos populistas incurrieron en la tentación autoritaria, pero es curioso que, por más vuelta que se le busque, siempre llegaron al poder mediante las urnas y en general fueron derrocados violentamente por quienes se postulaban como los defensores de los valores democráticos.

Otro detalle que no debe pasarse por alto: por su esencia, los populismos tienden a ser populares, pero esa correlación no tiene por qué ser estrictamente necesaria. Dicho de otro modo, un populismo puede tornarse impopular. Esa pérdida de apoyo popular es lo que seguramente estará señalando su mutación hacia otro tipo de sistema.

Haga el ejercicio en casa

De los populismos originales queda relativamente poco en pie. Pero eso no quiere decir que el concepto que hemos tratado de aclarar no pueda utilizarse más. Eso sí, sería interesante hacerlo de manera correcta. En principio, antes de calificar una medida de gobierno, una política pública, a un partido u organización social, a un gobierno como populista, intente dilucidar sus intenciones. Si estas apuntan a que los sectores populares, los más desprotegidos, las minorías silenciadas, tiendan a empoderarse, pues entonces sí, utilice el concepto sin temor a equivocarse. Pero cuando advierta medidas, políticas, partidos u organizaciones y gobiernos que defienden los intereses de pequeños grupos de poder concentrado usando eslóganes simplificados que intentan demostrar beneficios generales, desconfíe: eso es demagogia, no populismo. No se me ocurre nada más demagógico que la teoría del derrame.

Para complicar más aún las cosas -la realidad tiende a ser más compleja que simple- recuérdese que populismo y demagogia son conceptos distintos pero que a veces aplican juntos. Muchas veces los populismos son demagógicos, como también lo son los gobiernos liberales o socialdemócratas. Lo que es importante es poder distinguir entre una cosa y la otra.

Sepa el lector disculpar la tónica de este artículo, populista por cierto.

https://www.rosarioplus.com/ensacoycorbata/Esto-si-es-populismo-20190912-0030.html?fbclid=IwAR3TJ31SqHVPf8dduGW2lJuGwZIpr4hUaRTyWcPF4uT12HYkZyX98x2meJI

sábado, 17 de agosto de 2019

Por qué caemos en la trampa de las "fake news" y cómo no ser la próxima víctima: los consejos de una experta

17 de agosto de 2019.

La psicóloga del comportamiento Lizzie Mckee trabaja en la cancillería británica detectando campañas de desinformación. "El poder de las noticias falsas se debe a que todos buscamos cosas que sustenten lo que ya creemos", dijo en diálogo con Infobae.



" la gente mayor es más susceptible a compartir información falsa en la web."

"Creo que hay algunas reglas de juego que podemos tener en cuenta: chequear la credibilidad de la fuente por ejemplo. Más que confiar en lo que vemos, pensar en si confiamos en el mensajero, si es reputado. ¿Hemos oído antes de ese medio? Si hemos oído de él, ¿era un medio realmente confiable? ¿Cuando lo escuchaste? ¿Te llegó de un amigo de un amigo de un amigo? ¿Viste algo en Facebook la semana pasada y eso hizo que lo creyeras la segunda vez? Hay una obligación de preguntarse por qué algo me suena familiar. Se puede googlear esa información, ver si la podemos corroborar con otra fuente y chequear con uno mismo si elegimos creer en algo sólo porque coincide con lo que pensamos. Mucho del poder de las "fake news" es porque todos sufrimos del sesgo de la confirmación y buscamos cosas que sustenten lo que ya creemos. Por eso tenemos que estar listos para desafiar nuestro punto de vista y estar más abiertos a las visiones alternativas que nos ayudan a crear un mejor ambiente para resistir la desinformación."


Nota completa: https://www.infobae.com/america/mundo/2019/08/17/por-que-caemos-en-la-trampa-de-las-fake-news-y-como-no-ser-la-proxima-victima/

lunes, 15 de julio de 2019

La obra magna de Verdi

Lunes, 15 julio 2019.

El genial compositor italiano costeó en Milán una residencia para músicos ancianos con pocos recursos en la que conviven hoy con jóvenes estudiantes. «Es el paraíso de los artistas», dice un tenor de 93 años.

El decano de Casa Verdi. El tenor Beniamino Trevisi, de 93 años, se arranca con un aria en uno de los salones de la residencia.


Mi obra favorita es la casa que he hecho construir en Milán para acoger a los viejos artistas del canto no favorecidos por la fortuna o que no poseían de jóvenes la virtud del ahorro. Pobres y queridos compañeros de una vida». Faltaban pocos años para su muerte en 1901, a los 88 años, y el compositor Giuseppe Verdi, en su correspondencia con un amigo, echaba la vista atrás para valorar su larga y prolífica carrera. Era ya un gigante de la música, un personaje conocidísimo en Italia y en el mundo que, sorprendentemente, no eligió entre sus mejores creaciones óperas como 'Aida', 'Nabucco', 'Rigoletto' o 'Il Trovatore'. Optó en cambio por la institución que había creado en la capital lombarda para hospedar a músicos ancianos con pocos recursos. No escatimó en gastos al levantar un elegante edificio en estilo ecléctico decorado por los mejores artesanos de la época. Verdi no quería que fuera un hospicio, sino una casa en la que quienes allí vivieran fueran considerados «huéspedes». Para cubrir sus gastos, legó a la casa tanto los derechos de autor de todas sus obras como otros muchos de sus bienes.

Renato Franco Perversi, violinista de 87 años, es uno de los más de 1.000 «huéspedes» que han pasado por esta peculiar residencia. Abrió sus puertas en 1902, un año después de la muerte del compositor, que no quería recibir felicitaciones en vida y por eso pidió que esperaran a su fallecimiento para la inauguración. Conocido como Casa Verdi, este proyecto único en el mundo lleva funcionando casi 120 años sin recibir dinero público. «Aquí estamos muy bien. La música nos une a todos. Hay que darle las gracias a Verdi. A nadie se le ocurrió hacer el bien de esta manera a personas como nosotros, que después de las vicisitudes de la vida tienen dificultades para encontrar un lugar adecuado al llegar a la vejez», dice Renato Franco con los ojos llenos de lágrimas de agradecimiento a Verdi. Aunque está ya medio sordo y medio ciego, este violinista, que formó parte de la orquesta de La Scala de Milán, el teatro de la ópera más importante del mundo, consigue emocionar cuando suena su instrumento. Lo define con ironía como «un trozo de madera» al que ha pasado la vida «clavado» desde que su padre le obligó a estudiar música. «No me arrepiento, he viajado por Italia y por América Latina gracias al violín. Y conocí a mi mujer en un concierto del coro del que ella formaba parte».

La señora también vive en Casa Verdi, pero se encuentra en la zona medicalizada, dedicada a los residentes que no son autosuficientes. Son unos 25 del total de 80 actuales. Además de unos 35 ancianos que pueden valerse por sí mismos, hay otros «huéspedes» especiales. Son una veintena de jóvenes que estudian en el conservatorio de Milán, en la academia de La Scala o en otros centros prestigiosos para aprender música en la ciudad. «Empezamos hace veinte años con esta experiencia tan interesante, que supone una inyección de vida y una transmisión de experiencias», cuenta Roberto Ruozi, presidente del consejo de administración de Casa Verdi. «Poder convivir con músicos jóvenes es estupendo. Ellos son una fuente de alegría, la convivencia es muy buena», confirma Tecla Catalano, de 78 años, que fue durante años bailarina en el prestigioso teatro San Carlo de Nápoles y actuó en auditorios de Europa y América Latina. «En España estuve muchísimas veces con mi marido, que se encargaba de la escenografía del San Carlo. Éramos muy amigos de Alfredo Kraus y de su esposa. Siempre que venían a Nápoles almorzaban en mi casa», recuerda Tecla, sentada en uno de sillones de la sala Toscanini de la residencia, un espacio magníficamente decorado y con instrumentos por todas partes. Hay un piano de cola y una mesa donde una guitarra, dos violines, dos clarinetes y dos laúdes parecen esperar a que alguien los haga volver a vibrar. En cualquier sitio del edificio es posible encontrar gramófonos, arpas...

Una atmósfera «especial»

«Algunos días después de cenar surgen veladas musicales de forma espontánea en las que tocamos o cantamos juntos los ancianos y los jóvenes». Livia Lanno, de 21 años y originaria de Bari, en el sur de Italia, es una de las estudiantes que reside en Casa Verdi. Es alumna de canto en el conservatorio de Milán y de Filosofía en la universidad. «Me enamoré de este lugar desde el primer día en que lo vi, y ya llevo tres años viviendo aquí. Tiene una atmósfera muy especial. Desde la puerta oyes la música», dice con emoción, después de esperar paciente a que la señora Tecla termine de hablar. No le falta razón a Livia. Nada más entrar en el edificio, el visitante escucha un piano y una voz femenina entonando un aria. Es la clase que una de las «huéspedes» jóvenes ofrece en una de las numerosas salas de ensayo. En la puerta hay un cartel advirtiendo de que este espacio no puede reservarse durante más de tres horas. «Aquí escuchas música desde la mañana hasta la noche. Está por todos partes, lo que te ayuda mucho en el estudio», cuenta la muchacha.

A diferencia de los ancianos residentes entrevistados, que aseguran todos estar encantados de tener a su lado a los jóvenes músicos, Livia es algo más crítica. «No siempre es fácil la convivencia, pero resulta muy estimulante. Algunos te escuchan con gusto y te dan consejos sobre cómo mejorar la técnica. Para mí, resulta siempre una aportación importante». Esta veinteañera se muestra orgullosa del impacto que ella y sus compañeros tienen en la vida de los mayores. «Logramos que se ablanden. Son personas endurecidas por la vida a las que logramos sacarles una sonrisa. La idea de hacer convivir a ancianos con jóvenes es genial. Yo cuando vuelvo de vacaciones siempre encuentro una atmósfera distinta, están más tristes por el tiempo que han pasado sin nosotros». Ambos colectivos desayunan, almuerzan y cenan juntos en el comedor y también coinciden en conciertos y otros proyectos musicales.

Casa Verdi ofrece a sus «huéspedes» de más edad talleres de musicoterapia dirigidos por Ferdinando Dani. «Toco en el piano canciones de los años 30, 40 y 50 del siglo pasado y es impresionante ver cómo personas que han perdido la memoria o ya casi ni hablan recuerdan las letras y se ponen a cantar», explica en la sala museo donde está conservado el retrato que el pintor Giovanni Boldini le hizo a Verdi. Es una imagen conocidísima para los italianos, pues durante décadas apareció en los billetes de 1.000 liras. «La música es terapéutica para cualquiera, pero más aún para nuestros huéspedes. Mejora sus relaciones, reduce los conflictos y los une a todos». Vivir en Casa Verdi hace que algunos incluso retomen la pasión por tocar o cantar. Es lo que le ha ocurrido a Beniamino Trevisi, un tenor que a sus 93 años es el decano de la casa. Tiene una lucidez y un estado físico tan envidiables como su voz, a la que da rienda suelta dejando al periodista medio sordo y con la boca abierta.

Ganas de estudiar a los 93

«Llevo aquí desde diciembre de 2018 y he recuperado las ganas de estudiar y de cantar», cuenta mientras muestra orgulloso una carpeta con información de su carrera operística. Hay hasta un folleto del último concierto que dio, el pasado mes de febrero. «Este es el verdadero paraíso de los artistas, un hotel de cinco estrellas en el que estoy felicísimo». Está tan agradecido que insiste en enseñar el apartamento dentro de Casa Verdi donde vive con su esposa. Es un lugar estupendo en el que no falta de nada.

El mismo sentimiento tiene Bissy Roman, una profesora de canto originaria de Rumanía que trabajó también en Italia, Rusia, Francia y Estados Unidos. Muy coqueta y simpática, responde con una risa cuando le toca decir cuántos años tiene. «Yo no tengo ya familia, para mí la música es mi familia. Aquí estamos muy bien, compartimos nuestra pasión y evitamos la soledad, que te va matando poco a poco. Con esta casa, Verdi demostró que no sólo era un genio como músico, sino también como persona».

https://www.larioja.com/culturas/obra-magna-verdi-20190715000646-ntvo.html?fbclid=IwAR1BsQ6hHJ1SCyiWIoTyfKTJ2TIcPAFpurLxZklTCIb0h2C3P13MAIwXJww

martes, 30 de abril de 2019

Progresismo y seguridad no deben ir separados

30 de abril 2019.

Las teorías progresistas suelen escaparle al tema dejándole lugar a las opiniones que defienden la "mano dura".



"Defienden a los chorros", "los delincuentes tienen más privilegios que las víctimas", "los Derechos Humanos son solo para unos pocos".



La clase política progresista no suele hablar de inseguridad, o si lo hace es relacionada a otros temas, perdiéndose el eje principal del asunto. Las personas tienen miedo al salir a la calle, no solo por ser robados sino por el riesgo de que el robo, por más que no exista resistencia, suponga violencia física o hasta incluso la muerte. ¿Alguno conoce una persona que nunca haya sufrido un hecho delictivo? No me gusta hablar en primera persona pero a mí me robaron tres veces, y en una recibí un golpe en el ojo.

Primero entendamos el problema



Uno de los autores más importantes que habla de inseguridad desde una mirada progresista es el economista argentino Bernardo Kliksberg. Para los que no lo conozcan es doctor en Ciencias Económicas y Administración, además de licenciado en Sociología. Fue asesor para la ONU, UNICEF, UNESCO, PNUD, OMS entre otros además de haber asesorado varios países a lo largo de su trayectoria. Sus papeles están en orden.

América Latina es la región donde más homicidios se cometen. Algunas de las causas son "la fractura del tejido social", la baja escolaridad, la falta de trabajo y las deficiencias de los sistemas judiciales y policiales. "Ehhhh, estás diciendo que los pobres son todos chorros". No, lo que se dice es que si agarrás a un individuo de la sociedad, le quitás el trabajo, le quitás la educación, lo marginás, lo ponés en un entorno de violencia y droga y sin ninguna vía de escape, es probable que esa persona (también es probable que no) se convierta en delincuente, o por lo menos tiene más probabilidades que alguien que tiene todos esos recursos.

¿Qué hacemos entonces? "Hay que matarlos a todos, vos matás a uno y al toque los demás no roban más". Bueno, esta frase, si bien es ridícula desde los datos, tiene algo de verdad. El uso de violencia, o la amenaza de poder usarla (poner a alguien en la cárcel es un acto violento) es un elemento disuasivo que puede funcionar para prevenir delitos (dije violento, no malo, la violencia no es necesariamente mala). Pero esto de ninguna manera termina con la delincuencia.

Volviendo a la frase anterior, la "mano dura", es decir la tolerancia cero, baja de la edad de imputabilidad y subir las penas incluso para los delitos más leves, fue probado en muchas partes del mundo con resultados negativos. Tres países con mucha criminalidad, El Salvador, Honduras y Guatemala probaron con esto y detuvieron mucha más gente. ¿Y los homicidios? Siguieron subiendo a pesar de todo.

Pero apliquémoslo una vez más. Llevémoslo al extremo. Agarremos a todos los delincuentes y matémoslos a todos, listo, la Argentina ya no tiene delincuentes. ¿Se terminó la inseguridad? Recuerden las causas, falta de trabajo, de educación, marginalidad, todo eso sigue existiendo. Si yo hoy matara a todos los delincuentes, mañana van a surgir nuevos delincuentes, sigo sin solucionar el problema.

"Acá hay que poner más policía, esa es la solución". ¿La policía da trabajo? ¿La policía da educación? Supongamos una policía profesional e intachable, seguimos sin atacar la causa del problema. "Vos sos anti-policía, por eso". No, no lo soy, y si me roban voy a llamar a la policía para que me asista, pero lo único que podrá hacer es frenar a un delincuente, no a la delincuencia, y no tiene que ver con su falta de voluntad sino porque su rol no es eliminar la delincuencia sino que busca combatir a delincuentes, no es lo mismo.
¿Qué hacemos entonces?

Poner cámaras, profesionalizar las fuerzas de seguridad y darle los elementos necesarios, aplicar penas efectivas a los delincuentes, decomisar drogas y reventar bunkers y que se acabe la impunidad son medidas necesarias que deben seguir implementándose pero entendiendo que esto no resuelve el delito, lo puede disminuir, sí, pero no lo va a solucionar. El delincuente seguirá siendo delincuente, por más que no tenga posibilidades de salir a robar.

Hay que atacar las causas. Vayamos por partes. Trabajar en sistemas educativos eficientes, con los recursos necesarios, un sistema de salud adecuado, el fomento de clubes de barrios y sociedades de fomento, entre otras cosas, sirve para romper un círculo vicioso donde tenemos abuelo delincuente, padre delincuente e hijo que podrá ser delincuente, porque fue criado así, con una idea errónea de lo que es el bien y el mal. Con esto se rompe la cadena dándole al pequeño espacios que lo mantengan fuera de "las calles".

"Pero si sale a robar se tiene que ir a la cárcel, el que las hace las paga". La baja de edad de imputabilidad impide romper este esquema y deja al niño encasillado dentro del sector de la delincuencia, haciendo mucho más difícil su recuperación. "Ah, entonces vos querés la puerta giratoria, que entren y salgan". No, tampoco, la "puerta giratoria" lo único que hace es esconder el problema bajo la alfombra sin ocuparse de él. Mandar al chico a la casa no es pensar en él, es no querer trabajar el problema. Hay que quitarlo del circuito delictivo, no profesionalizarlo al ponerlo en una cárcel.

"Bueno a los chicos no, pero sí tenemos que echar a todos los extranjeros". En realidad la proporción de delincuentes que delinquen es la misma que la de argentinos, no hay grandes variaciones. Una minoría de la población es extranjera así como una minoría de delincuentes son de otros países. Estamos sobredimensionando un problema que no es tal. En todo caso, quien delinque lo hace no por ser extranjero sino por otras causas. Plantear la deportación es creer que la causa es que sea extranjero, seguimos sin resolver el problema, seguimos actuando sobre las causas.

"O sea que los chicos no van a la cárcel, los extranjeros no van a ir a la cárcel, ¿no vamos a mandar a nadie?" No digo eso, claro que las penas deben ser proporcionales al delito cometido y de cumplimiento efectivo, pero hay que analizar el estado de las cárceles también. "Ahí está, ahí saltó el defensor de chorros, encima que tienen luz y agua gratis quieren darle más derechos, ¿por qué no hablás de las víctimas?" Ahora vamos con las víctimas, pero primero expliquemos la situación de las cárceles.

El artículo 18 de nuestra Constitución dice que las cárceles serán "sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos". Uno de los problemas es la reincidencia, es decir aquel delincuente que, luego de su castigo, vuelve a delinquir. Las personas, cuando están en la cárcel, van a salir o porque un juez le da salidas extraordinarias o porque, simplemente, terminó su condena. Pero que quede claro, las personas, en algún momento salen de la cárcel. ¿Cómo querés que salgan?

"Es fácil, si los re cagás a palos vas a querer como después no quieren volver nunca más ahí". Supongamos que tenés un perro, lo encadenás y le pegás con un palo, ¿qué va a pasar cada vez que vengas con el palo? "Y, supongo que me va a gruñir". Y si lo soltás, ¿qué va a pasar cuando lo quieras volver a atar? "Calculo que me va a morder". ¿Y por qué pensás que con un ser humano va a ser distinto? A través de los golpes solo lo volvés más violento y harás que esa persona, con tal de no volver a la cárcel, arriesgue su vida, tiroteándose incluso con la policía. ¿No eras vos el que defendías a los policías?

De cualquier forma, queda claro que es fundamental lo que pase en la cárcel para evitar que un delincuente vuelva a cometer un delito. Una propuesta debe ser lograr que trabajen o puedan estudiar, está probado que eso disminuye fuertemente la reincidencia, esa persona que creía que estaba bien robar, aprende que lo que está bien no es eso sino trabajar o estudiar. "Todo muy lindo pero la víctima de un asesinato no puede trabajar o estudiar". Bueno, está bien, hablemos de la víctima.

Necesitamos un sistema donde no solo se repare el daño sino que quien lo haga sea el delincuente, que él entienda que lo que hizo está mal. Por eso, los trabajos remunerados en la cárcel... "ahhh no, la que me faltaba. A mí me cuesta una barbaridad conseguir laburo y con mis impuestos tengo que pagarle a un delincuente. Para eso robo, me voy a la cárcel y tengo laburo y luz y agua gratis". Esperá, no te vayas, dejame explicar bien eso.

El salario no lo paga el Estado, quien contrata es una empresa privada por ende ellos pagan el salario, no sale de nuestros impuestos. "Es lo de menos eso, siguen ganando más que un jubilado". Así es, porque el Salario Mínimo Vital y Móvil es más alto que la jubilación mínima, porque el castigo a un delincuente es perder la libertad, no sus derechos laborales, sino sería esclavitud. Pero más allá de eso el delincuente no cobra nada. "¿Cómo que no?" No, ahí te explico.

Parte del salario va a la víctima como forma de reparar el daño. Otra parte va a la familia del reo que, en muchos casos, se quedan sin sostén económico. Y otra parte va a un fondo que se le da al preso recién cuando sale de la cárcel. "¿Y eso por qué?" Vi que tenías un kiosquito vos, ¿contratarías a alguien que recién sale de la cárcel? "Ni en pedo". Bueno, como vos piensa mucha gente, por lo que no se le va a hacer fácil conseguir empleo. ¿No era la falta de trabajo una causa de delincuencia? Acordate, no queremos que reincida.

Pero cerremos con la víctima como vos querías. Necesitamos un sistema judicial que lo haga parte del proceso, que la víctima vea que los crímenes tienen consecuencia y que, en la medida de lo posible, el daño sea reparado. No se trata de quien tiene más derechos sino de que el Estado no viole los derechos de nadie, ni de la víctima ni del delincuente.

"Pasa que ustedes son todos garantistas, quieren a todos los chorros en la calle, entonces esto es impracticable". Ese es un tema distinto. El garantismo es que se respeten los derechos constitucionales en el proceso. ¿Vos querés que un delincuente esté preso durante todo el proceso, por más que este dure años? "Y si, antes en la cárcel que libre por ahí". ¿Y si se comprueba que era un inocente? "Un daño colateral, la minoría van a ser inocentes". Si entra un ladrón a tu casa, ¿qué harías? "Lo reviento a tiros". Entonces, según tu lógica, deberíamos ponerte en la cárcel. "¿Por qué? Si yo me estoy defendiendo". Eso como juez yo no lo sé, asique voy a investigar, capaz me tardo un par de años pero por las dudas, para proteger al resto de la sociedad, te voy a dejar en la cárcel. "¡Pero eso no es justo!" Ya sé, pero vos dijiste que nos manejemos así.

"Bueno pará, ya me perdí, ¿qué hacemos entonces?" No descuidemos todas las políticas que atacan a los delitos, como las cámaras o más policías y penas efectivas, pero no creamos que eso vaya a solucionar los problemas. Debemos actuar en cuestiones sociales, más educación y trabajo, sociedades de fomento y lugares de esparcimiento y cárceles que sirvan para la reinserción de las personas y no para su castigo. No es casual que cuanto más igualitaria sea una sociedad, más segura sea. Te dije que nosotros estamos en la región más insegura del planeta, te agrego que, además, somos la región más desigual del planeta.

https://mundodelrevesperiodismo.webnode.es/

domingo, 21 de abril de 2019

El mal conocimiento de la historia

Domingo 21 de Abril de 2019.

Griegos y romanos estaban obsesionados por la belleza del hombre, y la exhibieron hasta el hartazgo en lugares públicos y privados.

Antonino Pío, emperador romano entre 138 y 161.


Estamos más llenos de deformaciones que de informaciones. Y somos intolerantes frente a la ambigüedad que está implícita en la vida. Buscamos lo "químicamente puro" como si nosotros mismos lo fuéramos. Ni la religión ni la política pueden subsistir sin sendos porcentajes de ambigüedad. Como tampoco hay seres humanos que no produzcan desechos, los propios y los del consumo.

Un conocido italiano que vive en Marburgo —personaje muy particular si los hay— me contaba que, como forma de intentar bajar el humo a ciertos alemanes arrogantes con quienes se cruzaba, durante las conversaciones dirigía su mirada constantemente a sus traseros... para recordarles que ellos también tienen que ir al baño.

No señor, no fue la Edad Media la que persiguió a las brujas. Fue la "Edad Moderna" en su plena maduración: en la primera mitad del siglo XVII es cuando la quema de brujas llega a su cenit, lo mismo que las denuncias y la tortura. La inquisición será una idea "medieval", pero se puso realmente peligrosa a partir del "Renacimiento". A Giordano Bruno lo queman en febrero del 1600.

Con el llamado "Descubrimiento" se pone en marcha el genocidio de América, el mismo año se expulsa de España a los judíos. Los españoles se roban toda la plata del Alto Perú y sin embargo España cae oficialmente en bancarrota tres veces seguidas a lo largo del siglo XVI. Ni toda esa sangre bastó para mantener equilibradas las finanzas de una nación europea.

El Renacimiento nada aporta en higiene. Hasta siglos después, nadie supo en Europa que hirviendo el agua se matan los gérmenes.

Las guerras confesionales que genera el seno mismo de la Cristiandad (¡!) comienzan en el XVI y terminan en el desastre de la Guerra de los Treinta Años: Europa entera masacrándose a sí misma desde 1618 hasta 1648. La intolerancia siguió expulsando "herejes": protestantes neerlandeses y franceses emigraron y fueron acogidos en Alemania, en los siglos XVI, XVII y XVIII. Rubens nace en Alemania en 1577 de padres flamencos refugiados. No, Alemania no es el país actual de refugiados, lo es desde aquel entonces —pero judíos alemanes, homosexuales y disidentes tuvieron que optar entre abandonar el país o morir a partir de 1933—...

El Islam no ejecutó en la Edad Media a ningún homosexual, lo hace apenas desde el siglo XX. Es más, la poesía homoerótica medieval árabe tuvo gran difusión, vista como lo más natural del mundo.

Shakespeare escribió Romeo y Julieta, pero le dedicaba los sonetos a su amado Willie Hughes.

Las mujeres reclaman hoy el descolgado de desnudos femeninos de los museos. La sexualización en la historia (hasta el siglo XIX) fue sin embargo del cuerpo masculino. Griegos y romanos estaban obsesionados por la belleza del hombre, y la exhibieron hasta el hartazgo en lugares públicos y privados. Y hay que que esforzarse por encontrar unas pocas figuras de mujeres desnudas en la Antigüedad. ¿Habrá que cerrar los Museos Vaticanos a causa de tanto, tanto hombre desnudo? El Renacimiento tuvo la misma obsesión, y la escultura más famosa del mundo es el David de Miguel Ángel. Sólo que a los grandes del Renacimiento, como a los Medici, nunca se les hubiera ocurrido hacerse retratar desnudos como lo hacían los emperadores romanos. Piénsese si a algún político de nuestra época —pese a todo lo sexualizada que está— se le pasaría por la cabeza retratarse como vino al mundo y exhibirse al público.

Alberto Durero se autorretrató completamente desnudo en el Nuremberg del 1500, con fines seguramente privados (¿amorosos con su "amigo" Pirckheimer o su bello discípulo Hans Baldung?). La obra se conserva hoy en las Colecciones Estatales de la ciudad de Weimar.

El Louvre de Abu Dhabi inaugurado en 2017 presenta arte europeo, pero con la condición de excluir radicalmente cualquier desnudo... Y estamos en el siglo XXI.

Cuando el presidente Bush habló del lamentable atentado del 11 de septiembre de 2001 como la "mayor catástrofe de todos los tiempos", con tres mil muertos, vino a mi memoria de inmediato el bombardeo británico a Darmstadt, Alemania, el 11 de septiembre de 1944, con un saldo de trece mil civiles muertos. Algunos dirán "era la guerra" (como si la muerte hiciera distinciones): ¿será que fue otra cosa que venganza? El argumento que habla de "ataques contra centros industriales" es en este caso, como en otros cientos, absolutamente falso.

Gran mérito el del "Renacimiento" ser fundamento de los Estados nacionales: desde entonces caminando en línea recta hacia los nacionalismos y sus consecuentes catástrofes, a más tardar a partir del siglo XVIII.

¿Son los catalanes tan distintos a los "españoles"? ¿No está impresa en castellano en Barcelona la mejor enciclopedia de una lengua de todos los tiempos: el diccionario Espasa? Hasta la Británica sale mal parada al lado de los cientoveintipico de tomos históricos.... Qué bien que Castilla y Cataluña se unieran en tal empresa. Y que gracias al castellano los catalanes se puedan entender con el mundo.

Sin duda no es nada fácil: tantas mentalidades, tantas certezas, tantos orgullos y anatemas, tanta violencia, tanto hacer de cuenta que no vivimos en el mundo que tenemos, que es uno solo. La nuestra es a la vez la mejor y la peor de todas las épocas por que ha pasado el planeta. Vaya ambigüedad....

Un consejo de Sigmund Freud: el arte de la vida consiste en aceptar las contradicciones.

https://www.lacapital.com.ar/cultura-y-libros/el-mal-conocimiento-la-historia-n1757033.html


martes, 19 de febrero de 2019

Para levantar el ánimo lo mejor es… CAMINAR

6 marzo, 2016.

Caminar nos cura las penas y nos ayuda a abrir nuestra mente, a despejar nuestras ideas y a salir de la rutina de nuestro día a día. Es un acto simple pero liberador en lo personal tanto a nivel físico como psicológico.



Lo cierto es que andar y hacer otro tipo de ejercicios físicos diarios nos ayudan a activarnos y a recuperar una vida productiva y emocionalmente satisfactoria. Así, por ejemplo, caminar puede ayudar a dejar de perpetuar un estado de ánimo bajo o depresivo que limita las opciones de refuerzo de la persona que se siente mal.

En este sentido, gracias a la estabilización y a la perseverancia de un comportamiento tan saludable como caminar, la persona se libra de los pensamientos negativos y de las emociones dolorosas a las que a la larga se ha visto sometida por las situaciones de estrés constante que vivimos habitualmente.

La mejor receta para sentirnos mejor: dar un paseo diario

Mantener como costumbre caminar cada día durante al menos una hora es una de las mejores “medicinas” tanto para el cerebro que se encuentra en estado depresivo o ansioso como para el cuerpo que se manifiesta quejoso, inestable y dolorido.

Así, preferiblemente y en la medida de nuestras posibilidades los paseos deben ser por entornos naturales, pues la paz y el contacto con la naturaleza nos ayudarán a desconectar del bullicio y a establecer un contacto tranquilo con nuestras emociones y pensamientos.

Nuestra mente y nuestro cuerpo “lo pasan muy mal” con la rutina y el estrés al que nos sometemos diariamente. Como consecuencia de la inactividad nuestro cerebro se vuelve lento, pesado, vago, depresivo y ansioso.

Así, comenzamos a notar que no recordamos bien, que no nos apetece hacer nada que se salga de nuestro modo diario de vida, que no hay actividades lo demasiado interesantes o gratificantes como para levantarnos del sillón de nuestro salón, etc.

Caminar es una buena manera de despejar la mente
Estamos diseñados para movernos, por eso nuestra mente y nuestro cuerpo lo agradecen tanto. A través de tan simple ejercicio logramos despejar la mente y clarificar nuestras ideas, volviendo nuestro cerebro más creativo y eficaz.

A través de los paseos nos brindamos la posibilidad de relativizar nuestros problemas y conectar con nuestro yo más profundo, ese al que en la vorágine que nos envuelve en el día a día no prestamos atención.

Como es obvio, estos beneficios no se consiguen de un día para otro sino que necesitamos realizar esta actividad durante al menos una semana. De esta manera lograremos:

  •     Despreocupar a nuestro cerebro y restablecer su neuroquímica saludable y equilibrada. Esto ayuda a reactivar con eficacia nuestro lóbulo frontal y nuestro sistema límbico, ordenando nuestros pensamientos y emociones.
  •     Como consecuencia de esta reestructuración funcional, el estrés va desapareciendo y nos vamos notando más relajados, seguros y confiados con lo que nos rodea. 
  •     Nos liberamos y expandimos socialmente, pues gracias a este sencillo acto abrimos nuestro campo de movimiento y relación personal. O sea, dejamos de sentirnos “atrapados o encerrados”.
  •     Retomamos el contacto con nuestra naturaleza cada día, reservando y salvaguardando la dedicación al autocuidado y la satisfacción de las necesidades personales.

Quien lo haya experimentado en su propia piel no tendrá duda, caminar nos ayuda a sentirnos mejor y a despejar nuestra mente, pues nos reserva un tiempo diario para disfrutar y conectar con nuevos y gratificantes estímulos.

Por eso, la mejor receta para levanta el ánimo es: CAMINAR. Si no lo has probado, hazlo; y si ya conoces sus beneficios, no dejes nunca de practicar esta enriquecedora actividad física y comparte sus beneficios.

https://lamenteesmaravillosa.com/levantar-animo-lo-mejor-caminar/

lunes, 18 de febrero de 2019

Los rasgos psicológicos del fascista, según Umberto Eco

18 febrero, 2019.

Los rasgos psicológicos del fascista no están presentes solo en quienes se definen como radicales, sino también en un sinnúmero de personas y colectivos que aparentemente defienden otro tipo de valores, pero se comportan de forma totalitaria.



Umberto Eco fue uno de los pensadores que más profundizó en diversos fenómenos culturales, entre ellos cómo el poder moldea la mente de las sociedades. Una de sus reflexiones se orientó a establecer los rasgos psicológicos del fascista, en base a que la literatura al respecto era mucha.

El tema es en realidad muy importante porque en la actualidad hay personas y sectores que defienden valores aparentemente muy razonables, pero que en el fondo ostentan los rasgos psicológicos del fascista. Estos son en realidad muy nocivos para las personas y las sociedades, ya que promueven relaciones sociales desiguales y perversas.

Eco hizo un cuidadoso análisis y llegó a la conclusión de que el fascismo era en realidad una postura más bien hipócrita e inconsistente, que se filtraba en la mente de las personas de forma taimada. Umberto Eco señaló que hay 13 rasgos psicológicos del fascista. Hablamos de ellos a continuación.

Los tres cultos del fascismo

Según Umberto Eco, hay tres formas de culto que están presentes en los rasgos psicológicos del fascista. El primero de ellos es el culto a la tradición, el cual va acompañado de referencias a los saberes arcaicos. Llaman a recuperar conocimientos o postulados que ya han sido superados. Es lo que ha pasado, por ejemplo, con algunos enfoques New Age, que hablan de “alquimia” en su sentido arcaico.

El segundo culto que practican los fascistas es el culto al heroísmo y a la muerte. Exaltan mucho las acciones osadas e inculcan la idea de que la muerte es poca cosa, frente a esas gestas heroicas. Ponen más énfasis en justificar la muerte que en dar sentido a la vida.

Así mismo, los fascistas rinden culto a la acción por la acción. Por eso promueven la idea de que reflexionar es una pérdida de tiempo. Desde su punto de vista, los intelectuales son unos cobardes, los artistas también, a menos que con sus obras promuevan ese llamado a la acción.

Rechazos y exclusiones

Los fascistas rechazan los valores sociales que se consolidaron con la Modernidad y la Ilustración. Piensan que las cosas son blancas o negras, por lo tanto, no hay que debatirlas ni abordarlas con sentido crítico. Lo que es, es. Y punto. No hay nada que discutir.

Derivado de lo anterior, el fascismo también rechaza el pensamiento crítico. El desacuerdo es traición y todo aquel que piense diferente es un disidente que debe ser silenciado. Uno de los rasgos psicológicos del fascista sería la intolerancia a lo diferente.

Esto es también miedo a la diferencia. El diferente es el enemigo. Nutren ese miedo al enemigo, adjudicándole características exageradas y que lo ponen del lado de lo malo, lo inhumano, o lo subhumano. Quien no piensa como ellos ni siquiera debe llamarse “persona”. También se muestran envidiosos con los logros o virtudes de quienes no forman parte de su bando. ¿Te parece exagerado? ¿No es lo que hacen algunos hinchas del fútbol?
Miedos y apologías

Otro de los más evidentes rasgos psicológicos del fascista es el nacionalismo y la xenofobia. Este tipo de apología y rechazo no solamente se manifiesta en relación con el país de origen, sino también frente a la identidad de un determinado grupo o sector. Destacan excesivamente lo positivo de su colectivo y rechazan prejuiciadamente lo ajeno.

El fascismo también es elitista. Desprecia a los pobres o los desposeídos, a quienes consideran seres de segunda clase. La riqueza, a su juicio, también define el valor de un ser humano. Rechazan toda forma de debilidad, así como cualquier manifestación que pueda ser interpretada como un síntoma de vulnerabilidad.

Así mismo, los fascistas se valen del tema de género para hacer discriminaciones contundentes. Antiguamente había un predominio del machismo, pero en la actualidad esa intolerancia también se observa en algunos sectores del movimiento feminista y del movimiento LGTBI.
Otros rasgos psicológicos del fascista

Umberto Eco llama la atención sobre el hecho de que la principal destinataria de las ideas fascistas es la clase media. Se trata de un sector socioeconómico que es dinámico, su posición no está plenamente definida. Por eso es más permeable a la manipulación.

Otro de los rasgos que está presente en el fascismo es la exaltación de la guerra. Son antipacifistas, aunque no se declaren así. Creen que la mejor manera de resolver las contradicciones es la vía violenta, “cortar por lo sano”, “resolver de una vez por todas”.

Finalmente, hay otro de los rasgos psicológicos del fascista que resulta muy sutil e interesante. Tiene que ver con lo que Umberto Eco llama “neolengua”. Consiste en un uso extremadamente elemental y pobre de la lengua, ya que solo a través de esa pobreza se logra neutralizar el pensamiento complejo y crítico.

Es bueno pensar en qué o quién coincide con la descripción de los rasgos psicológicos del fascista. Es muy importante para todos protegernos de esas líneas de pensamiento totalitario, que tanto daño hicieron en el pasado y que en la actualidad siguen presentes.

https://lamenteesmaravillosa.com/los-rasgos-psicologicos-del-fascista-segun-umberto-eco/?fbclid=IwAR0vvuSXOLZLwf-Ay8du_SOGpInK_bBkVk8hx7aeQ6fgXYXYaUvocmykC0k